«No te preguntes qué puede darte la vida, sino qué puedes dar tú a la vida», esta es una frase bien conocida de Viktor Frankl y cuando vienen momentos complicados se hace más relevante su mensaje es cómo si nunca hubiera perdido vigencia pero los acontecimientos hacen que el mensaje se refuerce y la gente desde esa vulnerabilidad lo tomara como un regalo.

Y es que muchos de nosotros que hemos emprendido o que estamos en el inicio de emprender nos entra el miedo a la incertidumbre, el miedo a si saldrá bien, y miedo a que te compren, el miedo a que no te compren, EL MIEDO. En estos momentos vemos que el mundo es pura incertidumbre y que ninguno de nosotros de forma natural estamos hechos para controlar nada porque los acontecimientos que nos sobrevienen alteran nuestros planes de forma repetitiva.

Si esto sucede, ¿por qué nos empeñamos en seguir haciendo lo mismo siempre? Si total hagamos lo que hagamos la vida nos va a sorprender ¿por qué no intentamos ayudar a los demás con lo que mejor sabemos hacer? Por puro egoísmo de un confort ficticio que igual lo único que hace es que vivamos la vida que nos ha tocado sin replantearnos nunca el por qué de nuestra misión. Todo en la vida es cuestión desde qué posición mires las cosas, depende la mirada que pongas lo verás de una forma u otra. A mi me gusta ver el emprendimiento como una forma de servicio, de dar lo mejor de nuestras capacidades, talento, conocimiento y experiencia a los demás y vivir de ello, no de que otros me limiten en qué soy buena o no y hasta donde puedo ofrecer ese conocimiento.

El conocimiento es ilimitado y como tal mi forma de ofrecerlo debería de serlo también. ¿Qué ocurre cuando nuestros jefes nos coartan de que demos un servicio determinado para el que no estamos capacitados o talento que no nos corresponde? Pues que no frustramos, entramos en una espiral de incoherencia que nuestro propio ser lo nota y lo expresa en forma de ansiedad, tensión, apatía en el trabajo y con los que nos rodean, y queja continua.

No podemos pensar que emprender es algo incierto, que lo es, pero es que la vida misma lo es y no por ello vamos a dejar de vivir. Tampoco podemos pensar que emprender es sólo una vía más rápida para ganar dinero porque cuando ganemos ese dinero volveremos a sentirnos vacíos otra vez. La mejor pregunta que te puedes hacer cuando se te despierta esta nueva forma de hacer las cosas es no por qué emprendes sino para qué.

 

¿Y tú para qué emprendes?

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